Cosas de la edad

Eran seis; estaban entre los 70 y los 80 años. El cacareo que se traían ya le estaba molestando. Él había entrado a descansar un rato de su caminata tomando un café, y no fue muy consciente de dónde se había metido hasta pasados dos o tres minutos.

Estaban celebrando el cumpleaños de una de ellas, lo supo porque la  cantaron el cumpleaños feliz y porque la regalaron un pañuelo. Hablaron de achaques, de hijos, de nietos y de cursos de pintura en el Centro de Mayores.

En un momento determinado, la del cumpleaños se giró y le preguntó si podía hacerles una foto a todas juntas, ofreciéndole su teléfono móvil.

-Sí, cómo no.

-Es muy fácil, solo tiene que apretar aquí (mostrándole el icono de la cámara sin abrir)

Sin comentarios abrió la cámara, encuadró y disparó.

-Haga otra por favor, por si no sale.

En la sonrisa de una de ellas, probablemente la mayor, estaba toda la sensualidad que la era posible mostrar, por la que se asomaba un deseo reprimido.

La comprendió perfectamente, él a sus 60 años también ya era un viejo verde al que la cabeza le funcionaba como si tuviese 20. Miraba a las mujeres que podrían ser sus nietas como quien se cruza con la belleza de un cuadro que sabe que solo verá fugazmente.

Ahora estaba en la situación de sus posibles nietas. La sonrió con amabilidad, comprensión y cierta gratitud por la deferencia.

El grupito continuó un rato la charla, y cuando se levantaron para irse, ella le lanzó una insinuante sonrisa ¡Quería plan!


La cabeza siempre va por delante del cuerpo, se desgasta menos, será porque se usa menos…


No hay comentarios:

Publicar un comentario