¿Qué hacer?

motivación
Estaba sumergida en el desánimo. Hacía seis meses que su vida giraba entorno a los médicos, las pruebas, los análisis. Ella que nunca había tomado una pastilla, desde aquel mareo se aferraba a ellas con verdadera fe.

Cuando se cayó y se golpeó la cabeza, no podía explicarse qué le pasó. Las pruebas de la senectud eran avasalladoras, se imponían sin piedad, tal vez de ahí su tristeza. Se abstraía de su situación huyendo mentalmente al pasado, a cuando era joven, al recuerdo de sus seres queridos.

El presente era un continuo de dolores y limitaciones que las atenciones de sus hijos no lograban mitigar, y el futuro…, el futuro a su edad era una broma de mal gusto.

Echaba de menos a su marido, recordaba su noviazgo, su vida con él; las veces que discutieron por nada; ahora lo veía claro, ¡como lamentaba aquellos disgustos que en el fondo solo eran por tener razón!, ¡para qué le servían aquellas estúpidas victorias! -“Él quería de verdad estar conmigo y ahora parece que le estorbo a todo el mundo”.

En aquel nuevo club, en la sala de espera del ambulatorio, chispeaban las historias, se comenzaba por la descripción de dolencias y se acababa contando el divorcio de los hijos. A fin de cuentas se estaba mejor que en casa, rodeada de médicos y enfermeras, sin estar ingresada y con nuevos conocidos que resultaban ser del barrio de toda la vida.

Empezaba a verle la parte positiva. Ir a su ambulatorio significaba dar un paseíto, conseguir pastillas “salvíficas” y escuchar historias que le hacían relativizar la suya. Veía como distintas personas encontraban variopintas soluciones a sus problemas.

Eso la hizo pensar en sí misma una vez más, pero de otro modo…

-¿Qué estoy haciendo yo para solucionar mis problemas?, ¿qué hacen los demás?, ¿qué podría hacer? Ir al ambulatorio está bien, pero noto que al médico le aburro y yo las historias de esta sala ya me las sé. ¿Qué puedo hacer? El ambulatorio me ha sacado de casa y me ha ayudado a salir de la depresión, ¿y si ahora me apunto a un taller de escritura?, ¿pero de qué voy a escribir yo?...


2 comentarios:

  1. Los humanos solemos buscar una zona de confort, esa en la que nos hallamos a gusto sin que nadie nos importune o nos lleve la contraria. Pero el mundo está lleno de contrariedades y debemos saber hacerles frente. A esa edad, sin embargo, uno ya no está para ciertas aventuras, así que, aunque no sepa de qué escribir, el lápiz y el papel pueden ser buenos aliados para abstraerse de la dura realidad.
    Un relato que da para la reflexión, pues todos llegaremos a un estadio así.
    Un abrazo.

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  2. Si, cada cambio de etapa produce una desorientación inicial que "exige" adaptación.
    Gracias

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