Zombis

Media tarde en el Parque del Oeste; de espaldas al asfalto, tratando de engañarme con la visión de los árboles, no puedo dejar de oír los neumáticos sobre el asfalto, petróleo sobre petróleo. Algún pájaro consigue que su trineo descienda de su árbol, los paseantes van de dos en dos callados; o solos y callados.

Un gorrión engañado al verme sentado se ha acercado a saltitos con mirada inquisitoria,  -  “¡¿migas, migas? ¿no hay migas?!” - Se ha ido. Yo solo estoy descansando un rato de mi obligada caminata diaria. Sí, ahora soy diabético y tengo que perder peso. Si hubieran tardado un poco más en diagnosticármelo igual me hubiera muerto y me habría ahorrado el aburrimiento de caminar por adelgazar.

No debo ser el único porque desde hace dos meses, cuando comencé con esta nueva obligación, me he fijado en que somos legión los sesentones que zombiamos la ciudad en las rutas del colesterol o de la diabetes, con la mirada, el pensamiento y los pasos perdidos, sin otro objetivo que el de perder los kilos que nos han acompañado toda la vida y ahora parece que fueran venenosos.

Me he mentalizado a dejar siempre algo de comida en los platos, contraviniendo el mandamiento del pobre, a elegir las verduras de primero, el pollito plancha de segundo y de postre zumo, fruta o café con leche y sacarina. Cuando llegue a mi objetivo, el de pesar entre 75 a 80 kgs., lo voy a celebrar con un chocolate con churros.

Sé que estos paseos que me hacen perder el tiempo son una condena de por vida, tal vez por aquellos chuletones trasegados, quien sabe.

De momento pliega y sigue, un paso detrás de otro, estírate un poco, echa un poquito la espalda para atrás, así parece que los pies avanzan más rápidos. ¡Ale hop!

2 comentarios:

  1. Una forma de no parecer un zombi es tener un perro por compañía. Así hace ejercicio el can y su dueño, jeje.
    Los estragos alimenticios de la juventud se pagan caro.
    Un abrazo.

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  2. Hay que asumir los errores, aunque normalmente no te das cuenta de ellos hasta que tienes las consecuencias encima. En fin, los perros no me han hecho nada, pobrecitos... ;)
    Un abrazo.

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